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Avedis

En el lugar del accidente solo se escuchaba un ruido lejano suave, de esos que manifiestan lo alejado que uno está de cualquier centro urbano. Si hubiera sucedido en el centro de la ciudad o en uno de esos barrios populosos, habría más conmoción, más desesperación y más caos. Pero cuando el atropellado es un chibolo de esos perdidos andando fuera de la ciudad sin rumbo y sin plan, la desesperación no es necesaria. Eso solo lo consiguen los que pueden sacar una cita para los accidentes. Sasha pensaba muchas cosas acerca de Avedis. Habían sido patas de colegio, unidos por un gusto extraño por los piques de motos levitadoras, las luces de los raves que hacían a la entrada de Nuevo Villa el Salvador y la música rock, un género que andaba de capa caída en sus días. Entre Sasha y Avedis habían logrado amasar una colección importante de récords antiguos utilizando métodos aceptables y caches algo ilegales, pero era algo de lo que se sentían orgullosos. Pronto fueron ganando fama de rockeros e...

El anarquismo depresivo

En estas épocas de discusión política, ya se hace imposible andar por la vida sin una etiqueta que te defina. Un título sacado con el mínimo de esfuerzo. Si antes los comunistas tenían que tragarse un libro tan complejo y denso como El capital , basta en la actualidad con haber visto un par de vídeos en YouTube para poder definir tu postura política. Un test online sacado del culo te da tu nombre rimbombante. ¡Y voilá ! Ya tienes definida tu forma de votar, la gente a la que adorarás, tu grupo de amigos y eso. Yo, ama de lo indefinido que se quiere definir y huidora profesional de los hashtags y la cinta de embalaje de la sociedad, tiemblo ante la pregunta de "¿y como te consideras políticamente?". A mi también me gustaría saberlo. Porque a veces ando por la vida disfrutando del libre mercado, y otras se me malogra la batería del celular y tengo que quedarme cara a cara ante la miseria de un país tan bananero como el Perú.

La epistemología del pato asado

Mis primeros recuerdos de comida china en Lima no estuvieron asociados al sabor, sino más bien a la fascinante posibilidad de poder compartir esa cena tardía con una buena partida en un Nintendo 64 para las masas, ubicado en el chifa de mi infancia. Ya desde esos tempranos pininos podría haber observado, si hubiera querido, el rasgo intelectual de estas visitas. Sería a ritmo de lloriqueos, que hubiese logrado la titánica labor de memorizar la tabla de multiplicar, gracias a un poster que fue obsequiado por ese mismo chifa que me hacía caer en el vicio. Y si hubiera sido algo más adivina, quizá me hubiese dado cuenta que el chifa siempre iba a estar ahí, como agente intelectual en mi vida, así como en esos lejanos días de vacaciones me enseñó a multiplicar. Pero el Nintendo 64 simplemente alejaba mi mente de cualquier pensamiento profundo que podría tener relacionado con comida china.

OctoPI

Años de intervención humana se reducían en el acontecimiento que veía Abel en ese momento: Un pulpo enseñando transportes submarinos sostenibles. La clase maestra, para colmo de males. Un amplio auditorio, temperado, con paredes grandes, capacidad para cientos de alumnos. Ahí estaba el invitado de honor, en su traje adaptado a la vida terrestre, hecho especialmente para que criaturas cómo él puedan movilizarse por tierra. Era una especie de exoesqueleto, con una coordinación motriz fina excepcional, que hacía que cada uno de los movimientos del cuerpo artificial humanoide sean calculados y precisos. La voz que producía el cuerpo era genérica, y era la voz humana más estándar que uno podría imaginarse, con un acento mexicano algo inexplicable.

Pepsinator

Lima, ciudad más fea que poto de paloma recién nacida. Año poco trascendental de la era moderna. En ese espacio-tiempo nació Marco Cáceres, ser humano común y corriente, como el noventa por ciento de la población. Otro siete por ciento pertenecían a la clase política bien pagada y, en el tope, en el tres por ciento especial y talentoso, se encontraban los superhéroes. Desde un hombre con pirokinesis hasta una mujer que corre muy rápido, a la velocidad del sonido. Tantas habilidades por ver en su mundo. Todos esos superpoderes eran utilizados para el bien o para el mal, y la población se entretenía viendo esas persecuciones en vivo y en directo al medio día. Los superhéroes eran alabados por todos. Por ahí uno salvaba a un inocente transeúnte y al otro día, alguien salvaba al inocente perrito del inocente transeúnte. Eran parte del folklore de las naciones, reverenciados por sus seguidores. El noventa por ciento sólo podía aplaudir como focas en el circo. Los líos de los superhéroes...