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El anarquismo depresivo

En estas épocas de discusión política, ya se hace imposible andar por la vida sin una etiqueta que te defina. Un título sacado con el mínimo de esfuerzo. Si antes los comunistas tenían que tragarse un libro tan complejo y denso como El capital , basta en la actualidad con haber visto un par de vídeos en YouTube para poder definir tu postura política. Un test online sacado del culo te da tu nombre rimbombante. ¡Y voilá ! Ya tienes definida tu forma de votar, la gente a la que adorarás, tu grupo de amigos y eso. Yo, ama de lo indefinido que se quiere definir y huidora profesional de los hashtags y la cinta de embalaje de la sociedad, tiemblo ante la pregunta de "¿y como te consideras políticamente?". A mi también me gustaría saberlo. Porque a veces ando por la vida disfrutando del libre mercado, y otras se me malogra la batería del celular y tengo que quedarme cara a cara ante la miseria de un país tan bananero como el Perú.

La epistemología del pato asado

Mis primeros recuerdos de comida china en Lima no estuvieron asociados al sabor, sino más bien a la fascinante posibilidad de poder compartir esa cena tardía con una buena partida en un Nintendo 64 para las masas, ubicado en el chifa de mi infancia. Ya desde esos tempranos pininos podría haber observado, si hubiera querido, el rasgo intelectual de estas visitas. Sería a ritmo de lloriqueos, que hubiese logrado la titánica labor de memorizar la tabla de multiplicar, gracias a un poster que fue obsequiado por ese mismo chifa que me hacía caer en el vicio. Y si hubiera sido algo más adivina, quizá me hubiese dado cuenta que el chifa siempre iba a estar ahí, como agente intelectual en mi vida, así como en esos lejanos días de vacaciones me enseñó a multiplicar. Pero el Nintendo 64 simplemente alejaba mi mente de cualquier pensamiento profundo que podría tener relacionado con comida china.